¿Porqué ciertas canciones nos transportan a otros tiempos, nos recuerdan a otras personas, nos huelen a otros olores?
Cuando estoy triste, escucho a U2. Cierra los ojos, déjate llevar... With or without you

Se me ha muerto el pez, y no he podido evitar pensar en ti.
Mi pez sin nombre era el hilo de plata que nos unía, el compañero de cuarto que te sustituía porque, estando él, te veía a ti, y estabas tú, y cuando le limpiaba la pecera pensaba en ti, y mientras le daba de comer pensaba en ti, incluso le hablaba de ti a él, a él, que al dar una vuelta en su pecera, ya no recordaba que había vuelto al punto de partida, a él, que quizá pensaba que su pecera redonda era un gran río y nosotros otros peces, más grandes pero nuevos cada vez, porque al volver a vernos, en cada vuelta, ya no recordaba habernos visto un minuto antes.
Eso me contaste de él, y me dijiste que te daba pena.
Y cuando lo he descubierto muerto, flotando panza arriba, me ha dado pena a mi también. Porque antes, aunque sin memoria, cada minuto era una vida nueva para él, lo cotidiano un descubrimiento continuo. Y ahora ya no es nada, ya no está, no existe, no queda rastro de él, solo su pecera vacía, y su comida y su medicina en la estantería.
Y ahora vuelvo a estar sola en mi cuarto, y ya no volverá a asustarme saltando en la pecera (¿hacia dónde?) y moviendo el agua en la quietud de la noche. Y miro a su sitio y ya no está, y no estás tú porque no está él para recordarme que no tenía memoria, y que eso lo sabíamos los dos -se lo conté- por ti.
Y siento como si los dos, cobardes, me hubiérais abandonado.
Y siento que me gustaría contarte el final del pez sin nombre, y que me dió pena su muerte, y que ahora, en mi cuarto, de noche, solo se oye el silencio, y el pájaro que, en el jardín, empieza a cantar a las cinco. Y el mar.
Sé que todavía no me tocaba volver a escribir, pero aprovecho que hoy cambio el boli por el teclado para hacerlo, porque si no lo digo, reviento. (Además, no creo que cinco minutos más de tiempo perdido me vayan a suponer mucho perjuicio).
Y es que he estado con un amigo mio, que es MUY amigo mio y con el que me siento muy bien, porque tenemos una complicidad especial, derivada de una intimidad compartida (de toda nuestra intimidad compartida), que hace que nos entendamos por gestos que son solo nuestros, sin palabras.
Es un amigo al que quiero mucho, más allá de la crítica, un amigo en el más amplio sentido de la expresión, porque conoce todos mis defectos, como yo conozco los suyos, y a pesar de ello, nos queremos. Y nos tenemos un cariño limpio, blanco, sin más implicaciones porque, aunque no solo hayamos llegado a esa intimidad a través de nuestras largas conversaciones (asturianas y demás), al día siguiente -o al rato después- volvimos a ser amigos, sin más, pero mucho más.
Y hoy me siento en la obligación de agradecerle todo, de agradecerle sus detalles y su delicadeza, y de agradecerle una frase que me ha dicho hoy al despedirse de mi: "Si no te veo antes de que te vayas, ya sabes, que tengas mucha suerte... que tú sí te la mereces..."
No creo que él sepa todo lo bueno que me ha transmitido al decírmelo (o quizá sí, quién sabe hasta qué punto me conoce).
Lo cierto es que me ha animado en un día de bajón horrible, que me ha hecho ver que me aprecia (aunque yo ya lo sabía), que me quería animar y que me lo ha dicho de corazón.
Y así, con esa sola frase, y con su saludo al llegar, tocándome la cabeza y alborotando mi pelo, con otro de esos gestos cuyo significado sólo conocemos él y yo, y que tiene tantas implicaciones para nosotros, puede que con esas pequeñas cosas yo haya comprendido hoy otras muchas, empezando por lo acertado de mi decisión.Y sé que fue acertada porque solo ha traido consecuencias positivas, porque después de esa noche todo ha cambiado a mejor.
Y, a la vez, me ha dado toda la moral del mundo, con solo esas palabras ha echado por los suelos todos mis lloros y mis angustias, me ha hecho ver que él cree en mi, y me gusta que me lo haya querido decir.
Por todo eso, por esa frase y por mucho más, por Ketama y Meat Loaf y el Señor de los Anillos, por una noche loca, divertida e inolvidable, por todos los secretos compartidos, por una frase de ánimo y un saludo cariñoso, por Asturias y la sidra, por U2 y Radio Futura, por hacer que me dé cuenta de tantas cosas, por la intimidad y las confesiones, por tu generosidad, por prestarme tu hombro para llorar y por compartir conmigo tus alegrías y tus penas, por las risas y por las juergas, de corazón, muchísimas gracias, amigo mio.
(Y, entre nosotros, por tu exquisita sensibilidad y tu ternura... gracias)

